jueves 2 de abril de 2009

Jaime García Terrés



Jaime García Terrés nació hace ochenta y cinco años, en 1924, en la Ciudad de México; murió hace trece años aquí mismo, el 29 de abril de 1996. Poeta, ensayista, crítico, traductor, editor, diplomático y promotor cultural, Jaime García Terrés fue, ante todo, uno de los más sensibles lectores de su tiempo. Como pocos en la historia de nuestras letras -Alfonso Reyes, Ramón Xirau, Gabriel Zaid, José Emilio Pacheco y Adolfo Castañón, entre ellos- su desinteresado gusto por la lectura es el perfil que mejor define su escritura, el que más auténticamente la hace posible. Así, en 1941, con tan sólo diecisiete años, frente a un público ávido y atento congregado en el Ateneo de la Juventud, leyó su iniciático Panorama de la crítica literaria en México: breve conferencia que no dudo en considerar bajo el rótulo de “generosidad”, pues este breve Panorama de la crítica literaria en México no es sino el noble afán de compartir ciertas lecturas exclusivas de su autor por lo en título anunciado. Gesto, por demás, que en nuestro actual medio literario resulta insólito, ya que procura el diálogo y el juicio templado entre obras, autores y lectores.

Por eso se puede decir que Jaime García Terrés es aquella monista vocación de unidad, de íntima relación, de la que habla Xirau en su Jaime García Terrés*. También, que es aquellos versos suyos que dicen: "¡Venid! a mirar a lo lejos. / A ver aquellos reflejos, las alondras íntimas / cuyo canto se eleva y asombra al mundo. / [¡Venid!] Y abrid el corazón a las cosas pequeñas."


*Mito y poesía. Ensayos sobre literatura contemporánea de lengua española, UNAM, Col. Opúsculos, 78/Serie: Fuentes y Documentos, México, 1973, pp. 163-166.

(Fragmento)

viernes 27 de marzo de 2009

Exequias



En días recientes fallecieron dos poetas mayores de Latinoamérica: el mexicano Marco Antonio Montes de Oca (1932-2009), quien obtuviera hace cincuenta años el Premio Xavier Villaurrutia por el libro Delante de la luz cantan los pájaros, considerado por muchos la cima de su obra; y la peruana Blanca Varela (Lima, 1926-2009), que mereciera el Premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo, el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. De ella, queda pendiente una revisión atenta de su obra que devenga en la edición completa de su poesía. Ambos, fueron amigos y herederos de Octavio Paz y el mundo literario en México y París de la primera mitad del siglo pasado.

Pero la muerte ha llamado aún más cerca de nuestra puerta. Quien suscribe estas líneas lamenta profundamente el acaecimiento del padre de Balam Rodrigo, preciado poeta y amigo. A él y su familia mi más honda pena.
Queda la poesía, incluso por encima de la muerte, que parece decirnos en la voz de nuestro querido Balam: “Ahora puedes tomar con tu mano izquierda mi corazón y mirar lo vasto de esta tierra de sueños. Toma mis ojos y mira esta tierra de ensueño. Es hora de soñar, es el momento del sueño. Ven, abrázame,
/Soñemos. ~

Mundar




Habitar el mundo es hacer del trasiego humano una estancia perdurable en el tiempo. Mudar del silencio al canto, de una casa a otra, y de ayer a hoy se reduce, y no sólo aparentemente, la existencia del hombre. Transito y permanencia a un mismo instante. Escribir, de este modo, deviene en mundar por el privilegio de la palabra; ­­sino, qué otra cosa. Sucede, entonces, que en el muro abandonado o en el verso inédito se revela de pronto, en silencio, una presencia antigua e imperdonable. Acaso los restos que dejaron tras de sí los días pasados como una sombra súbitamente olvidada, resguardo de la pátina que cifra la voz y la mirada de quien nombra su permanencia en la partida.

Es de este territorio, punto de encuentro entre quienes se van quedando, que se suscitan los poemas recogidos en el volumen Signos de traslado del escritor chiapaneco Víctor Cabrera (Arriaga, 1973).

La obra de Cabrera es inusual, diferente y, por lo mismo, única entre las últimas tres generaciones de poetas mexicanos. El humor, ausente en muchos de los esfuerzos conocidos recientemente, es ejercido con admiración por él. Su fuerza incitante, referencial, atrevida y reveladora hace de la poesía de Cabrera su mayor rúbrica.


Signos de traslado, Victor Cabrera, Casa Juan Pablos/Leer y Escribir, 2007.

Literal, #54.

Contracanto a la desesperanza


Fatigados e inseparables de su acontecer cotidiano y perecedero, los poetas norteamericanos recogidos en Líneas conectadas están desengañados de un mañana distinto. Son, en consecuencia, poseedores de una voz en suma limpia y leal a la memoria de su tiempo. Aturdidos por tantas mentiras ocultas en lo que se mira, pero también en lo que se dice, develan en cada palabra la innegable verdad que conocen y que nunca olvidan. La única vida que a ellos y a nosotros corresponde. Así vienen. Henchidos de esta vigorosa certeza han nacido, y contra la penumbra, el olvido, la muerte y la tibieza cantan: «He embutido aquí cada sílaba, / he numerado todo lo que sé y hasta más, / pero aun así la nieve tardía ennegrece estas ramas desnudas / al fundirse en lodo, aun así perros esqueléticos / observan desde la vera del camino, aun así mis dígitos / cuentan mis días con dolorosa rigidez. / No he dicho lo que quería decir»: H. L. Hix (1960), «Órdenes de magnitud».

Líneas conectadas. Nueva poesía de los Estados Unidos de Norteamérica, de April Lindner (sel. e intr.). Fondo Nacional para las Artes de los Estados Unidos de Norteamérica / Universidad Nacional Autónoma de México /Sarabande Books, Louisville, 2006.

Luvina, #53; La Jornada Semanal, #720.

Jorge Fernández Granados


Principio de incertidumbre es, en consecuencia, la
historia de una larga vida poética e íntima, una
música que sólo ahora reconocemos pero que ya se
venía insinuando desde sus iniciales versos, cuando la
incertidumbre habitaba su palabra ante el silencio
primero y luego ante la oscuridad, obligándolo a
abrir su verdad al mundo, como declara el poema
que abre este libro. Y aún, desde mucho antes, cuando
era apenas "aquel primer mudo animal del mundo
todavía sin orillas".
Principio de incertidumbre, Era, 2008.
La Jornada Semanal, #724; Tierra Adentro, #155-156.